viernes, 28 de noviembre de 2008

HAIKU y carpe diem

El arte japonés se podría definir con tres palabras: naturaleza, sencillez y asimetría. Esta esencia, que nada tiene que ver con el arte occidental, se refleja perfectamente en la poesía, en especial en el haiku, la composición más popular en Japón desde la mitad de la era Kamakura (siglo XVI). Muy influido por la poesía china, el haiku es una breve composición de tres versos (5-7-5 sílabas) no rimados (la poesía japonesa huye de la rima), sin artificios, sin grandes alegorías, sin hipérbatos, sin encabalgamientos. El japonés encuentra la belleza en las pequeñas cosas, en la sencillez, y el haiku supone unas pinceladas rápidas que reflejan un instante concreto, un momento, una mirada, un amanecer. Sin embargo, son poesías con una gran fuerza y poder de vocación. El haiku es la máxima expresión del budismo zen, de la vida en cada instante, de disfrutar de cada detalle, de la belleza que encierra cada cosa. Instante tras instante. La poesía japonesa no escribe grandes poemas loando las bondades del carpe diem, simplemente lo vive. Aquí y ahora.
Otra característica del haiku es el papel central de las estaciones y la naturaleza. En Europa, durante siglos, el objeto principal del arte ha sido la Dios, la religión en general y el amor. A cualquier occidental nos parece obvio que la poesía verse sobre tema amoroso, o que la mayoría del arte tradicionalmente esté consagrado a la grandeza de Dios (con la excepción del tema mitológico)
Japón es una cultura en que los fundamentos religiosos (sintoísmo y budismo) rinden culto y divinizan la naturaleza en todas sus expresiones, por lo que ésta ocupa un lugar central en la forma de vida japonesa, y, por supuesto, en el arte.
Tres pinceladas de amor por el momento presente.
Carpe diem.


Furuike ya
kawazu tobikomu
mizu no oto

El viejo estanque;
salta la rana;
el ruido del agua.





Kono michi wa
yuku hito nashi ni
aki no kure

Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo




Kareeda ni
karasu no tomarikeri
aki no kure

Sobre la rama seca
se ha posado un cuervo;
tarde de otoño.




Yado no haru
nani mo nani koso
nani mo are

No tiene nada
mi choza en primavera.
Lo tiene todo




Tsuki otsuru
asashio hayashi
natsu no umi

Cae la luna,
rápida es la marea:
alba de estío.




Ume sakedo
ugisu nakedo
hitori kana

Florece el ciruelo
y canta el ruiseñor
pero…estoy solo

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Chico, que abandonado te tienen... Ya te comenté que el destino quiso que justamente antes de leer esta entrada leyera algo de los haikus... así que habrá algún tipo de predestinación ignota...
Son bonitos, pero no pasan de eso. Lo que me suscita básicamente es que los poetas japoneses eran MUY vagos.
No, ahora en serio, la verdad es que son bonitos y el texto que has puesto ayuda bastante a comprender la naturaleza de los poemitas.
Ciao!

Oihan

tamasheq dijo...

Yo es que tengo un alma muy japonesa...y la verdad es que me llenan muchísimo =)

spes dijo...

A mí me han parecido preciosísimos. Supongo que también va influenciado por la pasión con la que hablas de ellos. Es brutal, después de leer la introducción ya los miras con otros ojos.

Preo tienes toda la razón, son pequeñas pinceladas, versos tan cortos y sencillos como pudo ser en su momento un "Odi et amo", y con muchísima carga... Para quien abra los ojos.

Quevedo mola que te cagas, pero después lees esto y te quedas con una sensación tan placentera... (casi la misma que cuando vemos al rubio antibolonia jajajajaja)

tamasheq dijo...

Jajajajaja la verdad es que para mí no son sensaciones muy parecidas eh...lo del antibolonia es algo más fogoso y animal, más dionisíaco, más instintivo, más ganas de hincarle el diente vamos. Un dia de estos vamos a tener ke hacer algo al respecto eh vegaspesilla? apuntale para la bacanal jajajja ese no se nos escapaaa^^

spes dijo...

Y va a pasar una noche muuuuuuy ocupada :D

yo en él veo la mezcla perfecta de apolíneo y dionisíaco